lunes, 9 de agosto de 2010

La mirada de Bastet


Era el momento, era el lugar. Una inmensa luz iluminó el dormitorio a eso de las 4 de la madrugada; sus palabras resonaron en su cabeza como un tintineo de campanillas suaves y delicadas... Ya no las pudo sacar, ni quiso que salieran. Hizo una foto mental del momento y capturó la esencia de su sonrisa y la profundidad de su mirada, en aquellos instantes en que dejó de existir todo. La miró con dulzura y no hizo falta que le dijese nada, ella leía en sus ojos todo lo que necesitaba escuchar.

La calle estaba vacía, no había ruidos que los molestaran, y, aunque los hubiera habido, ellos no los habrían escuchado. Dos imágenes de bronce de Bastet fueron testigos de lo sucedido; impertérritas, serenas, desafiantes...

Y en ese momento, en que la habitación estaba completamente iluminada por todo lo acontecido en esos segundos interminables, decidieron que era el momento de dormir. Acercaron sus manos con la intención de decirse el uno al otro: estoy aquí, estoy aquí contigo...

A la mañana siguiente, los primeros rayos de sol entraron por la ventana, iluminando nuevamente sus caras. Se miraron y ambos recordaron lo sucedido horas antes... no había sido un sueño, fue real.

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